lunes, 2 de noviembre de 2015

Mis vacaciones a los dieciséis años

Cuando tenía diecisés años (¡tiempos aquellos!) casi cualquier cosa en vacaciones era motivo de alegría. Sobre todo me gustaba pasar tiempo con las amigas. En compañía paseábamos, íbamos a la playa, escuchábamos música, compartíamos secretos, bailábamos en las fiestas... E inventábamos un futuro lleno de sueños por cumplir.
También esperaba impaciente la llegada de los días de estancia en la casa de la aldea donde nació mi padre, junto a mis tíos y primos. ¡Era para mí todo un acontecimiento! Por el día los jóvenes acostumbrábamos ir al río, caminábamos por los prados cerca de las vacas pastando, cogíamos moras... Los días de la fiesta nos quedábamos a dormir unas treinta o cuarenta personas, en colchones de paja improvisados sobre el suelo del sobrado. Así, por la noche la diversión estaba garantizada, más incluso dentro de casa que en el propio campo de la fiesta. ¡Únicamente tenía un serio problema el que quisiera dormir!
Después, vuelta a la ciudad. Y a las amigas. Antes de comenzar el nuevo curso, siempre había tiempo para dedicar alguna tarde a ir hasta el centro de paseo. Entonces visitábamos las barracas de feria que adornan en agosto los jardines, íbamos al cine o tomábamos un enorme helado en La Italiana.
A los dieciséis años, sin obligaciones ni serias preocupaciones, las vacaciones sí eran vacaciones. 

sábado, 31 de octubre de 2015

Xuntos

A miña homenaxe á miña irmá e cuñado nas súas vodas de prata. Por outros vintecinco anos máis!



Traducción (gallego-castellano):
Mi homenaje a mi hermana y cuñado en sus bodas de plata.
 ¡Por otros veinticinco años más!

Juntos

Juntos, son muchos los años vividos,
ya son muchos los años compartidos.
Con sus días buenos, llenos de alegría,
risas, flores, besos, enamoramiento;
también los sembrados de tristeza,
lágrimas, discusiones sin fundamento.

Siempre juntos, en mutua compañía,
caminando al lado los dos en la vida.
¡Qué fácil soñar amaneceres claros
bajo cielos azules y un sol radiante!
¡Qué difícil cuando amenazan nubes
seguir con toda la ilusión hacia delante!

Mas, juntos, disminuyen los pesares,
penas entre dos devienen mitades.
Por eso en la oscuridad de la noche
que la luz de un faro a buen puerto os lleve;
cobijados bajo un mismo paraguas,
el temporal parecerá muy breve.

¡Y por llegar juntos a esta data,
celebremos, pues, las bodas de plata!


jueves, 29 de octubre de 2015

¿Matilde María o Maite?


                                         
Me asomo a mi ventana y quien sale al exterior es Matilde. Matilde María Varela Ben, para ser más exactos. Con ese nombre me inscribieron cuando nací. Así me bautizaron. Llevo orgullosa el nombre de mis dos abuelas, aunque para lucirlo de este modo me hayan hecho falta años de aprendizaje. Porque cuando doy media vuelta y regreso al interior -a mi interior- me convierto en Maite, aquella niña que sigue viviendo en mí y a quien sus padres enseguida empezaron a llamarla así sin tener en cuenta la nula correspondencia de este apelativo familiar con el antropónimo "oficial" por ellos mismos otorgado.
Contradicciones y sinsentidos... Decisiones que dejan huellas indelebles y van marcando el destino.
Únicamente sé que con cinco años pisé por primera vez un colegio, nerviosa y emocionada, concentrada en recordar insistentemente lo que mi madre me acababa de aclarar poco antes: "Recuérdalo cuando te llamen: tú eres Matilde, no Maite". En ese momento empezó verdaderamente para mí el juego de ambos nombres, que a menudo he asociado mentalmente con dos personas diferentes: por un lado Matilde, la alumna seria y formal, aplicada y estudiosa, con expediente intachable; por otro Maite, la chiquilla alegre y charlatana, creativa y siempre con ganas de cantar, bailar, reír, jugar, viajar, o simplemente salir a dar un paseo y compartir su tiempo con las amigas.
Quizás por todo ello me siento tan cómoda asomada a mi ventana. Con parte de mí dentro y otra parte fuera. Entre dos mundos. Entre dos personalidades. Siempre navegando entre dos aguas por el proceloso mar de la vida.